Qué es Orar / Meditar. BoYinRa

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Qué es Orar / Meditar. BoYinRa

Mensaje  ¡Yquémásdá? el Jue 19 Ago 2010, 16:18

La Oración

Bô Yin Râ

(Bô Yin Râ es el nombre espiritual de Joseph Anton Schneiderfranken)


Título del original en idioma alemán: „Das Gebet“
(Traducción anónima, revisada, mejorada y completada por
Eduardo Cicari-Neumann y Jan Schymura, en Buenos Aires en el otono de 2010)
sobre la 2da. Edición del año 1955, editada por
Kober’sche Verlagsbuchhandlung AG. - Zürich 48 - Suiza.


¡A USTEDES, QUIENES QUIEREN APRENDER A ORAR!

EL MISTERIO DEL ORAR




Según el antiguo relato sagrado, los discípulos del sabio carpintero, del gran “Rabí” de Nazaret, habrían ido a su encuentro un día, dirigiéndole esta petición:

“Señor, enséñanos a orar”

Sobre esto - nos enseña el viejo relato - el divino Maestro de la Vida ya habría instruido de no salmodiar mas las largas letanías tradicionales, en la manera de los ignorantes, sino hacer uso solamente de esas palabras simples y maravillosas, las cuales pronuncian todavía hoy en día, los labios de todos aquellos que, bajo una forma religiosa u otra, profesan o creen profesar la enseñanza llena de amor del Hombre-Dios augusto y sublime.

Ínfimo permanece, hasta nuestros días, el número de aquellos que saben realmente “orar” y es más raro aún encontrar un hombre sabedor de lo que significa “orar” de la alta y santa manera que el gran Ser amante quisiera ver adoptada. - -

Sin duda se conocen las palabras, cuyo uso recomendó a sus discípulos según el antiguo relato, - pero, en el presente esas palabras “se salmodian” igual como anteriormente las otras oraciones a las cuales no se les atribuía un valor particular. -

La profanación no es de ningún modo menor, porque se la exprese con la más grande unción. - Y aun cuando se medite piadosamente sobre el significado que el pensamiento puede desprender de esas palabras admirables, no hace de ningún modo de ellas una verdadera “oración” al pronunciarlas.


Parece pues, que ha vuelto a ser necesario enseñar lo que realmente es el “orar”, en verdad, enseñar como las palabras humanas pueden ordenarse en una “oración” y qué misterio profundo se encierra en ella!

El arte sacerdotal de formular las “oraciones” y de “orar” realmente, ha casi desaparecido en la actualidad y, allí donde sobrevive más o menos, se lo practica de una forma maquinal, supersticiosa o desprovista de vida.

Hasta aquellos que creen aún orar, no ven en la oración más que imploración a la divinidad, acciones de gracias o alabanzas; y no se sabe más que todas esas cosas pueden entrar en una oración, pero no constituyen de ningún modo su esencia. - -

No se intuye más que aun el más sublime conjunto de palabras, que expresan las alabanzas, la gratitud o una súplica, deben ser realmente “oradas”, antes de convertirse en “oración”.

Es únicamente en nosotros mismos que “Dios” nos es accesible, es solamente en lo más íntimo de nosotros mismos que el corazón del ser eterno y puro puede “renacer” en una auto-generación individual infinita. - ¡Tal es la convicción indispensable que en primer lugar debe haber adquirido, aquel que realmente quiere aprender a “orar”! -

Es necesario además haber comprendido que el “Padre” eterno, - cualquiera sea la interpretación que el creyente de a este término, - no desea ni acción de gracias ni alabanzas en la manera de los hombres, y que sería blasfematorio creer verdaderamente que el corazón del Ser espera ser implorado por el hombre para dejarse “conmover” finalmente por tal “petición”, - porque “pedir” en el sentido de un verdadero orar difiere esencialmente de la actitud de mendigo asumida por alguna gente cuando se dirigen al “Dios” de su imaginación. -
Subrayo aquí la expresión “Dios” de su imaginación, pues la mayoría de los hombres, lamentablemente, no llegan más allá que a un producto tal de su imaginación creadora, ya que, mal o insuficientemente informados, les parece que el camino hacia Dios debe conducir muy alto, pero siempre hacia el exterior.

De tal modo, ellos no lograrán por cierto jamás experimentar la divinidad viviente, porque no buscan allí donde el Dios viviente eterno les sería accesible. - -

Sin embargo, según el antiguo relato sagrado, se dijo también:


“¡Buscad, y encontraréis!”
“¡Pedid, y recibiréis!”
“¡Golpead y se os abrirá!”

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Hagamos un alto aquí, y esperemos en la mayor calma hasta que el enigma de estas palabras quiera develarse a nuestro ojo interno...
¡Mientras tanto, voy a tratar de explicar aquello que se deja explicar!


*






“¡Buscar” no puede por cierto conducir a encontrar sino que a condición de buscar allí donde el objeto se encuentra realmente escondido! -

“¡Pedir” tomado acá en un sentido que excluye toda idea de “limosna”, no podrá determinar las “dádivas” a menos que el pedidor esté en el derecho de recibirlas! -

“¡Golpear” para obtener acceso a la morada, tendrá éxito solamente si se sabe pertinentemente dónde y cómo golpear a fin de ser oído desde el interior, y reconocido al momento como alguien que, con derecho, puede esperar ser admitido!

¡En este caso, sin embargo “buscar”, “pedir” y “golpear” son actos inseparables, pues sólo su unión hace una “oración”!

¡Dichoso aquél que sabe “orar” de esta manera!

¡El será “acogido” mientras “golpea”!
¡El “recibirá” mientras “pide”!
¡El “encontrará” con toda certeza lo que de esta manera “busca” que es de encontrar!

Orando así, el vivirá en su más íntimo la experiencia que devela el sentido de esta palabra pronunciada un día por el augusto dispensador de vida a pedido de aquellos que él creía suficientemente avanzados:


“Todo lo que vosotros podáis pedir al “Padre” en mi “nombre”, ¡El os lo dará!”


El hombre que ora comprenderá claramente el significado de esta palabra de gran valor:
“¡Que tu “nombre” sea santificado!”

El comprenderá, al fin, porqué el Maestro enseñó otrora a pedir en su “nombre”, porque:

“¡Todo lo que el “Padre” tiene, es mío!”

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Orando así, el hombre reconocerá, en la más clara luz del espíritu, que todo aquello que podemos pedir al “Padre” en “nombre” de su propia representación manifestada, está ya ofrecido y otorgado desde toda la eternidad, aunque la “petición” sea necesaria para obtener la “manifestación” temporal, - para producir efectos temporales...

¡Nadie, sin embargo, aprenderá a “orar” de esta manera, con excepción de aquellos que sepan unir totalmente su propia voluntad a aquella del “Padre”!

¡PERO, PARA EL QUE SABE “ORAR” EN COMUNIÓN CON LA VOLUNTAD DEL “PADRE”, TODA ORACIÓN, – SEA CUAL SEA SU OBJETIVO – SERÁ UN ORAR PARA OBTENER “ALAS”: - AQUELLAS ALAS QUE EN VERDAD “LLEVAN MÁS ALTO QUE LAS DEL ÀGUILA”!





“¡BUSCAD Y ENCONTRAREIS!”


“¡Buscar” de la forma requerida para aprender a “orar” es más bien todo, - menos absorberse en los pensamientos! -

La simpleza lapidaria de la promesa de que el buscador -con toda evidencia- “encontrará”, indica ya perentoriamente que se trata de otra cosa que de una “búsqueda interior” tomada en un sentido tal que en la mayoría de los casos, consiste simplemente en “devanarse los sesos” y en querer descubrir alguna cosa, dejada al azar, mediante un esfuerzo cerebral, sin ninguna certeza de encontrar de la forma en que fue formalmente prometida.

“Buscar” en sí mismo cualquier cosa en la forma habitual, es siempre signo de una inquietud interior, - y cualesquiera que sea el objetivo de la búsqueda, - la meta permanece invariablemente siendo alguna cosa que permita lograr la quietud. -

Algunos creerán quizás, que en el fondo de la otra forma de “búsqueda” que se dijo conduciría de seguro a “encontrar”, debe haber igualmente una inquietud que quiere convertirse en quietud.

Ahora bien, la “búsqueda” necesaria en el verdadero “orar” presupone esta gran quietud: - esa calma interior que está fundada en sí mismo, y se comprueba desde afuera como imperturbable. - -

¡Esta búsqueda exige siempre el hombre entero, y no solamente su inteligencia actuando como un sabueso en una cacería sin cesar!


Se trata de una inmersión serena en lo más íntimo del alma, sin la menor agitación, - sin la sombra de un deseo, - y sin una huella de impaciencia temerosa.

¡Sería una grave tontera imaginarse poder lograr más rápido la meta perseguida queriendo forzar el resultado mediante un esfuerzo impetuoso y apasionado!

De este modo, no se hace más que engañarse uno-mismo, de manera que fatigado y desilusionado, uno finalmente se resigna y renuncia de un golpe a toda nueva tentativa de “búsqueda”...

Es necesario por el contrario, que el buscador sepa que él no logra sino cerrarse la ruta a sí mismo, en tanto no busque como quien tiene la certeza de encontrar, como lo haría un hombre que conoce el escondite de un objeto, y que debe pues necesariamente encontrarlo, luego de haber despejado todo aquello que lo recubría provisoriamente.

¡Esa certeza no debe fundarse exclusivamente en la promesa de que el buscador “encontrará”!

La búsqueda en si implica ya la certeza de encontrar, ya que es absolutamente imposible buscar, sin que el encontrar le siga al instante.

¡En este género de “búsqueda”, el buscador es él-mismo objeto de su búsqueda!

¡Por lo tanto, entre menos desasosiego tenga en sí mismo, más rápido se encontrará a sí mismo!


¡No debe hacerse ni imagen ni representación de aquello que espera encontrar!

¡Es necesario que se sumerja él-mismo en su propia profundidad insondable, - sin temor y sin resistencia!

¡Es necesario que se sumerja al interior en sí-mismo, sin perder su calma, aún si el suelo habitual se derrumba bajo sus pies!

¡Con confianza debe dejarse caer hasta lo más profundo de sí mismo, con la firme certeza de que no es la disolución lo que le espera, sino que solamente a él mismo es lo que puede encontrar!

¡Ninguna imagen preconcebida debe perturbar su vista!

¡No debe esperar observar en él mismo o fuera de él “imágenes” tales que él no haya jamás visto: - visiones de otros seres y de mundos misteriosos!

¡No debe esperar ver apariciones del mundo de los espíritus!

Sumergiéndose en su profundidad, se encontrará primero rodeado de una oscuridad total, - pero entre más descienda profundamente, más las tinieblas se disiparán dentro de una maravillosa luz nueva, hasta que en su profundidad, la más profunda, él se descubrirá él-mismo, transfigurado de luz, - hasta que en el fondo último de su propio abismo adquiera la claridad del cristal.

Su inmersión constituirá así, desde el primer instante, un encontrar continuo, hasta que haya encontrado finalmente en él, lo inexpresable que puede solamente ser vivido, porque aún la palabra la más clara permanece oscura ante tal claridad interior de una luminosidad indescriptible...
Aquél que quiere “buscar” de esta manera a fin de encontrar, debe para comenzar, conducir todo su cuerpo terrestre a una detención completa, de manera tal de no darse ya cuenta que un cuerpo animal sirve de “soporte” a su conciencia.

Que el buscador cierre lentamente los ojos y una las manos, hasta que, en una gran calma, se sienta recorrido por una viviente corriente de energía.

Cada cual descubrirá luego por sí mismo la postura más favorable para lograr este estado de calma, lleno de vida intensa...

Algunos no lo consiguen sino en posición acostada, otros solamente sentado o de rodillas, y algún otro no lo conseguirá sino estando de pie.

¡Pero, una vez que se ha llegado a ese estado de calma lleno de vida, no debe ya preocuparse por la postura externa del cuerpo!

Es necesario ahora buscar experimentarse únicamente en el interior de sí.

Con el tiempo, uno se experimenta así, cada vez más en el interior de sí, hasta experimentar poco a poco el sentimiento de estar interiormente completamente “lleno” de sí.

Es como si nosotros mismo fuéramos un fluido, el cuerpo, por el contrario un recipiente, - y como si el fluido se experimentara cada vez más como el contenido del recipiente...

Los pensamientos deben ahora permanecer en reposo, y en todo caso abstenerse de analizar en detalle, el estado experimentado.

Mientras los pensamientos continúen revoloteando, no hay que prestarles ninguna atención en particular, hasta que, poco a poco, ellos se aquietan por sí mismos. -

Una vez que este sentimiento, que interiormente se tiene de sí se ha convertido en un todo bien definido, el pensar ya no interviene en forma alguna, porque la atención está totalmente absorbida por la nueva conciencia de sí misma.

Al principio, uno hará bien al darse por satisfecho de poder experimentarse en el interior de sí, - pues es éste ciertamente un resultado muy significativo.

¡Cuando estos sentimientos comienzan a esfumarse, se debe retomar con alegría el trabajo cotidiano!

¡Jamás debe uno tampoco esforzarse en prolongar esta experiencia en caso de fatiga!

Si, poco a poco, - se trata de semanas o de meses, el buscador llega sin esfuerzo particular a este sentimiento interior de sí mismo en todo momento, en la calma de una soledad voluntaria, y a experimentarse conscientemente de la manera aquí arriba descrita, es decir en tanto que "contenido" de su cuerpo terrestre, - teniendo la misma forma de éste, como si un líquido que abraza los contornos del vaso dentro del cual se le vierte. Entonces, está dignamente preparado para comenzar a “buscar” en el sentido del verdadero “orar”...

¡Es con propósito deliberado, que ahora el buscador debe abandonarse completamente a su vida interior, la más íntima, y sentirse fluir hasta el fondo insondable de esta vida presentida, permaneciendo siempre perfectamente lúcido y sin jamás entregarse, ni pasajeramente a un ensueño semiconsciente! -

¡Si formas o imágenes surgen en el interior de sí, no debe prestarles ninguna atención y sobre todo cuidarse de quererlas "interpretar"!

Sería una peor tontera combatirlas, pues de ese modo no se haría más que hacerles más poderosas y tenaces...

Si no se tiene éxito en deshacerlas ignorándolas, se debería en la circunstancia y a la hora considerada interrumpir la inmersión interior y entregarse a una actividad intensa en el mundo externo, hasta que, algún otro día, uno se sienta capaz de retomar la experiencia interrumpida, sin ser ya importunado.

Es solamente cuando la experiencia de inmersión en la propia profundidad interior se comprueba exenta del todo de imágenes, que está permitido entregarse a ellas sin reservas. - -

¡La indecible oscuridad que en principio quiere aterrorizar el alma, debe ser soportada con calma y sobre todo sin temor alguno, aún cuando sea necesario soportarla numerosas veces, antes de poder experimentar la primera manifestación de resplandor en lo más intimo de uno-mismo!

Pero apenas la oscuridad comienza a disiparse, un nuevo estado de conciencia interior se desarrolla simultáneamente cada vez más, tal que no habíamos aun conocido jamás. -

Este nuevo estado de conciencia se torna cada vez más claro, atestiguando finalmente la unidad indisoluble de la voluntad del buscador con la voluntad del Ser Original eterno...

Aquel que ha llegado a este punto sabe entonces, por propia experiencia, lo que significa “encontrar”, ya que ha cumplido la primera condición del verdadero “orar”. -

Cuando pronuncie ahora las admirables palabras, tan simples y tan claras de sentido que el augusto Maestro de Nazaret dijo a sus discípulos, en cuanto a “orar”, el experimenta en el nuevo estado de conciencia logrado, que cada una de sus palabras no es más que una afirmación de su propia voluntad. -

Entonces, toda “la oración del Señor” no será para el buscador otra cosa que la más perfecta profesión de su propia unión indisoluble con la voluntad del Ser eterno...

La experiencia interior encuentra en esta oración una expresión verbal en lenguaje humano, y esta expresión obra a su vez sobre el alma, transformándose ella misma en una “petición” portador en sí de su acogida favorable.

Queda desde entonces el buscador liberado de la tonta ilusión según la cual la oración seria un medio para “influenciar” a la divinidad...

Sabe ahora que “orar” no consiste en otra cosa que esto: querer para sí mismo, en comunión con la voluntad del Ser Original, aquello que es querido desde toda la eternidad, a fin de que, puesto en acción mediante una verdadera “petición”, esta voluntad se manifieste, se realice y se afirme. - -

¡Buscando, ha llegado verdaderamente a “encontrar”!

¡POR TODA LA ETERNIDAD, NO PODRÁ YA PERDER, AQUELLO QUE ENCONTRÓ ASÍ EN SÍ MISMO!


“PEDID, Y RECIBIREIS!”


¡Llegados al umbral de la segunda exigencia de una verdadera oración, la pregunta será para el buscador, saber si se encuentra verdaderamente en derecho de “pedir”!

¡Acá “pedir” no significa suplicar para obtener un otorgamiento que vendría, de algún modo “desde afuera”! “Pedir”, consiste acá en desencadenar una fuerza espiritual que hace manifestarse lo que ya ha sido adquirido por el hecho de haber sido "buscado" y "encontrado".

En la “oración” verdadera podemos solamente “pedir” aquello que ya está otorgado desde toda la eternidad en la voluntad del Ser original.

Sin embargo, no se podrá hacer propio aquello que está así otorgado a menos que, en este descenso a lo más profundo de uno mismo, se renuncie a toda voluntad propia, fusionándola con la voluntad del Ser Eterno. - -

De este modo, aquello que pueda ser el objetivo de una verdadera “oración” ya está concedido desde antes...

¡La verdadera “oración” puede sin duda tener ella también, una meta definida y muy particular, - pero la eficacia de la "petición" no es de ningún modo ilimitada! - -

Esta eficacia está estrictamente determinada por aquello que el que pide supo realmente hacer suyo dentro del conjunto de lo que está otorgado; de suerte que en tiempos pasados, penetrados de una fe ardiente, los hombres no estaban ciertamente equivocados al estar convencidos que la oración de algunos de ellos era acogida de seguro, en tanto que todas las oraciones de otros hombres permanecían impotentes...

Poco importa, el hecho de si aquellos, cuya oración era considerada como más eficaz, hayan tenido pleno conocimiento del secreto de la verdadera “oración”, o que hayan vagamente presentido la verdad. -

Aún cuando una oscura superstición los conducía a proceder inconscientemente en la forma correcta, ellos podían por cierto llevar la eficacia de su plegaria a un grado que parecía “milagroso” a su alrededor.

Existen numerosos relatos, según los cuales, en ciertos casos, aún la oración de estos maestros de la "oración" verdadera permaneció impotente, sea a causa de la incredulidad o del corazón frío de aquellos para los cuales ellos oraban, sea porque ellos querían obtener para sí mismos, mediante la oración, una cosa que ellos mismos no podían “pedir” para sí mismos...

Seria también exagerado calificar la verdadera “oración” de “todopoderosa”, pues el poder del Ser Original eterno tiene sus propios límites, no pudiendo la eterna divinidad obrar en oposición a ella misma.

Extremadamente raros son, no obstante en nuestros días, los hombres que saben todavía por experiencia, eso que la verdadera "oración" es capaz de realizar. - -

Más de un ser humano ha conocido el poder de la “oración”, estando lejos de sospechar por qué ella fue “acogida”, encontrando una explicación a su manera de aquello, que una noción imperfecta no podrá clarificar.

Una profunda angustia del alma lo había conducido inconscientemente a sumergirse en lo más profundo de si-mismo, y en consecuencia a “encontrar”. Adquirió así, aquello que supo “pedir” en buena forma, y también inconscientemente aprendió a “golpear” correctamente, lo cual debía necesariamente abrirle la puerta del Templo. - -

Sin embargo, es en verdad posible, para todo hombre acá en la Tierra, “orar” como conviene estando perfectamente consciente de este sagrado acto, por poco que él aprenda a “orar” sin esperar que un sufrimiento físico o un tormento del alma se le enseñe por vía inconsciente. Para todo hombre debidamente instruido, - sería pues desdeñar una ayuda divina, el no esforzarse en seguida en poner en práctica la enseñanza recibida...

¡Muchos hombres encontraron sumamente extraño el que se deba aprender a “orar”, en la misma manera que un saber, que se puede adquirir mediante el estudio!

Sin embargo, todos aquellos que otrora, practicaban con conocimiento de causa la “oración”, acá en la Tierra, como un arte celestial sagrado, no lo lograron sino después de haber sido instruidos y después de haberlo ellos mismos aprendido.

Resalta también del antiguo relato sagrado, que los discípulos del gran Ser amante que pidieron al Maestro que les enseñara a orar, debían haber adquirido ya algunas luces, pues era necesario saber que se puede aprender a orar para formular tal pedido.





¡A los discípulos no les faltaba por cierto fórmulas de oración; así no pidieron ellos: “Señor, enséñanos una nueva oración”, sino, claramente y precisamente, “Señor, enséñanos a orar!”

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Aún cuando todo el antiguo relato fuese pura ficción poética, el autor se habría revelado un iniciado, pues sólo un iniciado hubiera podido colocar estas palabras claras y precisas en la boca de los discípulos del augusto Maestro.

Se trata ahora de enseñar cómo el hombre debe “pedir” para que “reciba”.

Repito a sabiendas que el género de “petición” requerida por la verdadera “oración”, debe quedar alejada de toda mendicidad y toda súplica.

¡No se trata aquí de conmover finalmente un corazón endurecido, o de obtener, a fuerza de insistencia, un don al cual el mendicante no tiene derecho!

Aquél que se ha creado el derecho de “pedir” porque él ha sabido “buscar” y “encontrar” como es conveniente, debe simplemente cuidar de pedir de una manera inteligible, por así decirlo, de mantener la actitud deseada que libere las fuerzas mediante la acción de las cuales el "recibir" se realice.

Esta “petición” consiste en crearse del objeto de la oración, con calma y seguridad, una imagen representativa precisa, que es en alguna medida el “modelo” de aquello que se “pide”. -



Por lo tanto, desde que el hombre que ora, ha evocado voluntariamente esta imagen, esforzándose por hacer la más consistente posible, debe al mismo tiempo entregar, abandonar y confiar totalmente su voluntad y su obra, a la voluntad eterna del Ser Original.

Lo principal es sumergir enteramente la voluntad propia tanto como el "modelo" que ella ha creado, en la voluntad del Ser Original, de tal modo que ninguna veleidad, siquiera fugaz, pueda entonces emerger fuera del mar de la voluntad eterna, - que a ninguna parte del “modelo”, aún la más ínfima, le falte estar repleta y recorrida por las olas de este mar.

Desde entonces, establecido que el objeto de tal “oración” forma parte de aquello que está “otorgado” en la voluntad eterna del Ser Original, y por tanto de aquél que ora lo ha ya adquirido mediante su forma de “buscar” y de “encontrar”, la petición es así acogida en el instante mismo de la inmersión total en la voluntad original: no queda más que dejar transcurrir el tiempo indispensable sobre el plano terrestre para que el efecto de la oración pueda manifestarse, admitiendo que aquel que ora sepa también "golpear" como es conveniente. - - -

¡El único obstáculo, verdaderamente insuperable, que una tal petición puede encontrar dentro del hombre mismo es la duda! - -

En lo que concierne a la posibilidad de acogida el que ora está por cierto reducido a los presentimientos y a las conjeturas.

No puede saber con certeza si su petición forma parte de la cosas que desde toda la eternidad están ya otorgadas en la voluntad original, y tampoco tiene la seguridad de tener ya “derecho a ser acogido” en toda la extensión de su petición.

Ignora pues igualmente si él ya fue acogido en tal o cual caso particular, y sería bastante presuntuoso de su parte, esperar serlo en todo estado de causa...

¡No debe por tanto dudar un solo instante que todo eso que puede serle concedido según las circunstancias, le será necesariamente concedido!

¡Es necesario que descarte totalmente de su pensamiento y de sus sentimientos el asunto de saber si él “recibirá” lo que pide! - -

¡Debe en cierto modo “neutralizar” en sí mismo todo deseo y toda expectativa!

¡Es necesario que se una sin reserva a la voluntad del Ser Original, - que se fusione totalmente con esa voluntad, sin dejar germinar la menor duda con la certeza de ser acogido en toda la extensión de la posibilidad de acogimiento! -

¡Es esta una cosa que tiene igual necesidad de ser “aprendida”, y sólo quien la aprende, llegará a convertirse en maestro sobre toda duda! - -

Es cierto que entre más se acumulen con el tiempo las pruebas de que la “petición” legítima porta en sí misma su acogida tal cual puede producirse, más fácil se hará vencer toda duda, incluso antes de que esta pueda erigirse como obstáculo en el Camino.

¡Habiendo tenido éxito en superar la duda, el hombre que ora no debe sin embargo entregarse a una confianza presuntuosa!

Que se cuide sobre todo de creer que él puede prescribir él mismo el modo de acogimiento de su petición, y que no se atreva tampoco a querer de algún modo imponer a su conveniencia, el momento de esta acogida...
¡Todo esto no es de su competencia!

En todo esto él debe entregarse a esos sublimes poderes a los cuales la eterna voluntad original ha dado la misión de ejercer su influencia espiritual sobre los destinos de tal manera que el encadenamiento de los acontecimientos una los eslabones necesarios para producir, sin perturbaciones de las leyes físicas terrestres, los resultados impulsados en el Reino del espíritu, - en el Reino de las causas originarias...

Así puede parecer que una “petición” no ha sido recogida, cuando todas las fuerzas están puestas en movimiento para la acogida de un modo diferente al presupuestado por aquél que había orado.

Un tiempo considerable puede transcurrir hasta el día en que el hombre que ora termina por reconocer que desde hace ya tiempo, su oración fue acogida de mejor manera que la que él hubiera osado esperar...

La promesa formal que “recibirá” aquél que pide, no debe ser ciertamente tomada como aplicándose únicamente a cosas de la existencia terrena. Cualquiera que interprete la promesa solo bajo la perspectiva terrestre, debe saber que ella pueda encontrarse acogida aun en el caso en que el pedidor obtiene otra cosa que aquello que él ha pedido.

Sin embargo, la promesa en cuestión, tan instructiva en cuanto a la enseñanza expuesta, explica en primer lugar que en virtud de una petición apropiada, el hombre terrestre puede “recibir” aquello que le está reservado desde toda la eternidad y por toda la eternidad.

¡Debemos hacer una cosa, pero sin por ello descuidar otra cosa!

Ya que, para el ser humano de la Tierra, son por lo pronto los problemas de su vida terrena los más urgentes, debe por cierto recurrir al poder de la “oración”, para también aligerar su fardo terrestre o para socorrer a su prójimo, aun cuando toda posibilidad de ayuda externa esté debilitada desde hace ya mucho tiempo o se la haya comprobado insuficiente. -

No obstante, el ser humano dispone de la “oración” ante todo para volver a entrar de nuevo en posesión de su herencia eterna, - para que “reciba” eso que, en el lenguaje de los pretendidos “teólogos” se denomina con una palabra muy capciosa: la gracia. - -

¡Pero lo que en realidad se quizo dar a entender, por aquellos que aún sabían de que se trataba, es todo lo contrario a un don arbitrario!

Aun el amor original eterno, de dónde emana todo lo que “es” o que “existe”, no puede modificar su propia “estructura”, - no puede negar por amor, una “ley” inherente a su propia esencia eterna, y se encuentra así obligado a cuidar de que sean cumplidas las condiciones necesarias para poder acoger de nuevo en su seno lo que había sido separado. - -

De este modo la verdadera “petición” es la que posibilite de nuevo a la corriente del amor eterno de penetrar en la conciencia del hombre terrestre...

La “petición”, que no es ni mendicidad ni regalo, sino un calmo don de sí en la certeza más absoluta de que el recibir de la corriente del amor divino no será negado - no puede ser negada. - - -

¡Se trata aquí, ni más ni menos, de una ley espiritual que es necesario cumplir antes de que los efectos puedan resultar!

Y así, como el buscador no ha encontrado finalmente sino en sí mismo lo que antes había en vano buscado en el exterior, igual el pedidor recibe ahora en sí mismo la necesaria corriente vital del amor.

Anteriormente, era comparable a un motor eléctrico cuidadosamente verificado, y en consecuencia capaz de funcionar, pero que no estaba aun recorrido por la corriente de energía de la central.

Ahora, el contacto ha sido establecido: -el motor ha sido puesto en marcha por la corriente eléctrica, pero guarda aun la utilización de su poder de trabajo, ya que la corriente de energía la recorrería en vano, si no existiera ninguna posibilidad de sacar provecho de su dinámica.

En esta imagen, las tres exigencias de la verdadera “oración” se reconocen por analogía.

“Buscar” y “Encontrar” son comparables a la verificación técnica del motor, hasta en sus partes más ocultas.

“Pedir” y “Recibir” corresponden al establecimiento del contacto y al pasaje de la corriente eléctrica.

“Golpear” y “Abrir”, por último, pueden muy bien ser comparados con el acoplamiento del motor a las máquinas-útiles que él debe accionar, y la actividad así desplegada.

Sin embargo, estas comparaciones sacadas de la técnica moderna, no pretenden de ningún modo ser más que indicaciones susceptibles a apoyar mis palabras.

¡Aquel que no tenga necesidad de estas indicaciones o que encontrase chocante que yo no vacile en hacer una comparación de la vida cotidiana, puede tranquilamente saltearse este pasaje que yo sin embargo insisto en incluir en mi exposición!

CREO ASÍ HABER TENDIDO UN PUENTE ENTRE LA SEGUNDA Y LA TERCERA CONDICIÓN DE UNA VERDADERA “ORACIÓN”, Y ESPERO QUE TODOS AQUELLOS A QUIENES ME DIRIJO SE SIRVAN DE ESTE PUENTE PARA SEGUIRME MÁS ADELANTE.
























“¡GOLPEAD Y SE OS ABRIRÁ!”


¡No es arbitrariamente que la antigua promesa evoca en seguida la imagen de alguien que “golpea”! - -

Si “buscar” es sumergirse en el fondo de uno mismo para encontrar la profundidad más íntima, más profunda, - si “pedir” es un acto de voluntad en la firme confianza que se “recibirá”, - “golpear”, es decir llamar a la puerta para obtener acceso, consiste en una conducta exterior activa, que viene a reforzar una demanda. -

A aquel que quiere aprender a “orar”, se le da a entender de algún modo, que tiene el derecho de demandar, de exigir, - tan presuntuoso como esto parece, pero que no se adquiere este derecho insigne, a menos que se sepa también orar activamente: - cuando sus actos están en conformidad con las exigencias de la verdadera “oración”.

Tal debe ser la actitud general en todas las oraciones, -incluidas aquellas que se refieren a cosas de la vida externa. -

La acogida es concedida solamente a aquel que realmente “golpea”, - que realmente “llama”, - y que refuerza su justa “petición”, su expectación, mediante el comportamiento activo correspondiente, gracias al cual se convierte en demanda, la cual es necesariamente satisfecha. -

Aquel que ora no debe asombrarse por no ser acogido, aun cuando su manera de “buscar” y de “pedir” le parezca del todo irreprochable, en tanto no sepa al mismo tiempo “golpear” en la forma correcta.
¡Es entonces la tercera condición de la “oración” completa, la que falta todavía!

Puede que se ore por cosas que debe recibir uno mismo, pero cuando la oración cuente con uno mismo, - cuando uno mismo debe precisamente asirse de esas cosas, uno no mueve ni siquiera un dedo...

Puede ser que él quiera, mediante su oración, enviar ayuda a otro ser humano, para procurar liberarlo de inquietudes materiales, pero está lejos de soñar en socorrerlo por sus propios medios y en sacar partido de circunstancias que podrían serle prácticamente útiles...

Mediante la oración, él quisiera verse él mismo o ver a otros liberados de una enfermedad, pero desdeña al médico y no hace ningún esfuerzo para buscar una ocasión de curación...

En todos los casos y en miles de otros todavía, se omite cumplir la tercera condición fundamental de una verdadera “oración”, condición que la promesa expresa mediante la imagen de un hombre, que no sólo se para delante de la puerta, esperando que se le invite a entrar, sino que “golpea”, con el fin de que se “abra”. - - -

Aun en aquel caso de piadosa imploración al cielo, que ocurre comúnmente en la “oración”, aquellos que buscan socorro cometen, en la mayoría de los casos, el error de tomar por totalmente superflua la "oración" mediante los actos. -

Si no fuese así, más de algún hombre podría ser socorrido, aun no teniendo todavía ninguna idea de lo que “orar” significa en realidad, porque mediante su fervor, alguno de entre ellos llega, confusamente e inconscientemente, de una forma imperfecta, a “encontrar” y a “recibir” no obstante...

Aun si su forma de “golpear” después, fuese del mismo modo deficiente, ella podría todavía hacer que la “oración” practicada de buena fe, según la costumbre, no fuese en vano. - -

Entre aquellos que no han reconocido aun lo que “orar” verdaderamente significa, se encuentran también un buen número de otras personas, que, por intuición satisfacen todas las tres condiciones requeridas, aunque ellos podrían lograr mucho más si conocieran todo el secreto del verdadero orar. -

Sin embargo, la verdadera forma de “golpear”, mencionada en la promesa, no se refiere solamente a la “oración” por las cosas terrestres, sino que debe, en primer lugar, abrir el acceso al augusto templo de eternidad, con el fin que el buscador viva con estremecimiento el misterio del Hombre: - su salida desde la luz y su regreso a la luz...

Nadie puede entrar en este templo, sin haberse previamente mostrado apto en “buscar” y “encontrar”, si en primer lugar no ha aprendido a “pedir” de manera que pueda “recibir”. - -

En el “interior”, - y en este caso también el interior se busca únicamente dentro del ser humano mismo, - se sabe muy exactamente quién es aquel que “golpea” afuera, y no se le abrirá antes que no haya cumplido las otras dos condiciones del verdadero “orar”.

“Golpear” significa acá, modelar activamente su vida de manera de calificarse mediante cada uno de los actos, para ser admitido en el interior del Templo, y en verdad: se “abrirá” a quien “golpee” de esta manera porque crea él mismo las condiciones requeridas. - -

A través de los siglos se han hecho conjeturas y buscado los más extraños misterios detrás de estas palabras: “golpear” y “abrir”, de suerte que, aquí y allá cerebros huecos, pero también cabezas bastante ingeniosas han inventado los "ejercicios" más abstrusos diciendo que representan la correcta manera de "golpear".

Conozco, aun en nuestros días, gentes que conservan con veneración como reliquias sagradas, los oráculos de fanáticos extraviados, y que son bastante modestos para admitir que el fracaso completo de todos los "ejercicios" de este tipo, se debe a sus “esfuerzos torpes” en desmedro de su fervor. Ellos se imaginan en efecto, que su hierofante debe haber obtenido para sí el resultado prometido, que de haber sido así, - O sancta simplicitas! - no hubiera podido formular sus instrucciones atiborrado de disparates. -

Tales absurdos encuentran constantemente nuevos crédulos, y siempre surgen mistagogos que se hacen proveedores de las peores idioteces, cubriéndose de misterio, sea porque ellos se engañan a sí mismos, sea que ellos no saben preparar sus hierbas de otro modo.

Sería inconcebible que tales desatinos fuesen posibles, si nuevos buscadores no encontraran demasiado simple y demasiado poco extravagante lo que en realidad se exige de ellos, porque su exaltación crédula solo se despierta cuando se les pide que crean en lo absurdo. - -

El hombre de corazón se aterra de asistir a semejantes aberraciones y, mediante todos los medios, desearía salvar a los extraviados; pero en la circunstancia, toda voluntad de socorro lleva al error.

Sólo se puede advertir a aquellos que no están extraviados aun, y llamar por su verdadero nombre las cosas sobre las cuales ellos ya han oído hablar. Se puede solamente tratar de mostrar que la promesa no tiene absolutamente nada en común con todos esos extraños “ejercicios” de una inspiración bastante traslucida.
“¡Golpear”, en el sentido de esta promesa, significa “orar” mediante la acción y mediante el obrar, y aquel que no puede consentir, esperará en vano que se le “abra”! - -

¡Tampoco habría por lo tanto que adormecerse con la ilusión que “abrir”, en el sentido de nuestra promesa, es un despliegue inmediato de esplendores espirituales insospechados, - una revelación súbita de la sabiduría más secreta, la apertura súbita de todas las puertas del Templo, y un levantamiento instantáneo de la cortina que oculta el santuario que lo protege de las miradas profanas!

El Templo de la eternidad también tiene sus atrios y el neófito podrá ciertamente considerarse dichoso si, simbólicamente hablando, su pie puede pisar lo más externo de estos atrios...

A aquél que se presente ahí con grandes pretensiones juzgándose digno de ser atendido, y considera que de no entrar enseguida en lo más sagrado, al menos que le permitan entrar en uno de los santuarios que lo rodean, a él ni siquiera se “abrirán” ciertamente los atrios para que por lo menos pudiese ver los patios laterales. - -

¡Nadie, sin embargo, sufre aquí un tratamiento “injusto”!

¡Nada aquí depende de alguna voluntad arbitraria!

¡Una ley espiritual rige el todo, y esta "ley" no es un invento, sino una consecuencia lógica de la vida espiritual, inmutable como la divinidad misma, cuya naturaleza y esencia ella revela a los iniciados, cuando ellos han llegado a ser "iniciados", cumpliendo la ley! - -

¡Sin duda la divinidad se encuentra dentro del ser humano mismo, - sin duda tiene ella su Templo sagrado en lo más intimo del ser humano, - y sin duda también no es sino que en lo más profundo del alma humana que “DIOS” puede ser asido y experimentado cualesquiera sea la interpretación que podamos darle a esta palabra!

¡Pero la mayoría de los seres humanos no sospecha qué extensiones infinitas abarca su "alma", que vibra constantemente a su ritmo eterno!

La mayoría de los seres humanos no sospechan las distancias inconmensurables que separan su estado de conciencia, de ser consciente de Dios, si bien “DIOS” les abarca, y ellos tienen su existencia solo en “Dios”. - - -

Se imaginan “tutearse” con Dios, sin darse cuenta de ninguna manera del sacrilegio que encierra tal concepción. - -

Es en verdad difícil hacerles comprender que Dios está sin duda, lo más cerca de ellos en tanto que vida divina, pero lo más lejos de ellos en tanto que ser divino consciente, - que es necesario construir en ellos mismo una “escalera de Jacob” sobre cuyos peldaños las jerarquías espirituales de todos los grados de luz deben en primer lugar descender dándose la mano, para que la conciencia humana terrenal pueda experimentar una comunicación despierta con el consciente Ser divino, eterno e inconcebible, sin temer a la disolución.

¡Un orgullo espiritual de una torpe arrogancia, pretende que nada debe interponerse entre Dios y el hombre, - pero aquí la única respuesta adecuada es la petición: “Señor perdónales, porque no saben hasta que punto te ultrajan!”

¡Por consiguiente, que aquel que quiera verdaderamente que se le “abra” y que se apasiona entonces en “golpear” con toda su vida, mediante todo su accionar y obrar sobre la Tierra, no espera que “Dios”, - cualquiera sea su forma de creencia en Dios, - esté en tanto que Ser Original eterno, en el portón para “abrirle”!

Aquel que quiere “golpear” en buena forma debe ante todo experimentar suficiente respeto hacia la divinidad para sentirse colmado de dicha, aun si, - para usar un lenguaje de imágenes, - el último servidor del templo de Dios desea "abrirle"...

¡DE OTRO MODO, AQUEL QUE ORA VERDADERAMENTE NO TENDRÁ JAMÁS LA REVELACIÓN DE AQUELLO, QUE NO PUEDE “ABRIRSE” SINO EN ÉL-MISMO!















RENOVACIÓN ESPIRITUAL


Si existiera un hombre convencido de que la humanidad entera se beneficiaría de una renovación espiritual mediante la verdadera “oración”, ¡no estaría de ningún modo en un error!

Pero como, sobre esta Tierra, “la humanidad” está simplemente formada por un muy gran número de seres humanos individuales, una tal renovación puede ser solamente a partir del individuo. Así no hablamos nosotros aquí sino del ser humano individual, en vez de extraviarse en el conjunto, pues de tal suerte el individuo tendría mucho que perder.

Sí, no importa dónde en esta Tierra, un solo individuo se encuentra presto y dispuesto a renovarse mediante la verdadera “oración”, el conjunto de la humanidad también sacará un beneficio ya considerable, porque nosotros, otros seres humanos, no estamos aislados los unos de los otros en el espacio vacío. Al contrario, el bien o el mal que atraviesa a uno de nosotros, se propaga a través de todas las almas humanas, aun cuando ellas estén realizando su obra en los lugares más alejados, sean conscientes o no de sus conexiones...

Si en los capítulos precedentes he expuesto de una manera tan detallada lo que hace a la verdadera "oración" , y en qué consiste, lo he hecho sobre todo porque tantos seres humanos no pueden imaginarse nada más fácil que el orar, - porque tantos seres humanos creen ya orar cuando mantienen conversaciones, de una familiaridad sumamente presuntuosa, con una criatura de sus sueños de la cual ellos hacen su "Dios", y que aceptan a manera de pobre consuelo, por efecto de la autosugestión así producida sobre sus sentimientos.

Esta pseudo-manera de orar no puede verdaderamente producir más que una ilusión y paralelamente un sentimiento ficticio de exaltación, - pero jamás la verdadera renovación espiritual de la cual aquel que ora tendría tanta necesidad.

Nada sería pues tan erróneo como experimentar el menor descorazonamiento luego de mis explicaciones.

¡Cabe pensar por cierto que algunos se dirán: - “Si es necesario cumplir todas esas condiciones previas para orar, verdaderamente yo no aprenderé jamás! ¡Quiero vaciar mi corazón ante mi Dios, y consolarme con el pensamiento de que seré oído, y hasta quizás aun acogido!”

¡Es así que, cualquiera que ha leído atentamente este libro hasta aquí, y sin embargo puede expresarse aun de esta forma, por cierto no ha comprendido mis palabras completamente!

Si con la ayuda de la promesa que habla de “buscar”, “pedir” y “golpear” he tratado de mostrar las exigencias de la verdadera “oración”, ciertamente he tenido que entrar en el detalle con el fin de mostrar que se trata de otra cosa que una piadosa recitación de ciertas formas de oración.

Así instruido, el lector avispado ganará luego en seguridad y sabrá sacar las conclusiones validos para él.

Reconocerá que solo le será posible “orar” verdaderamente después de una revisión total de su modo de pensar, sentir y actuar, de modo que en él todas las condiciones previas de la verdadera "oración" estarán ya cumplidas antes que él se ponga a “orar”. - -

Para las almas timoratas, subrayo aquí expresamente que por cierto he descrito lo que sucede luego de una "oración" real, pero que todo esto se presenta por sí-mismo, cuando el hombre ha modelado su vida entera de manera de encontrarse constantemente en estado de oración.

A aquellos que pueden solamente concebir la oración como el quehacer de gentes abatidas y afligidas, estoy obligado a decirles que una vida adaptada a la oración no tiene necesidad de renunciar realmente a ninguna noble alegría, y puede llegar a ser positivamente la recompensa para una serenidad constante, - una disposición permanente a la felicidad. - -

En cuanto a la necesidad de “vaciar el corazón”, el hombre experimenta simplemente, en forma particularmente intensa, la verdad de que él no representa un ser totalmente aislado en el universo y reducido a él-mismo, - que a pesar de su aislamiento cósmico y su voluntad de huir fuera del espíritu, él queda conectado, en manera pasiva - a su patria original: al Reino del espíritu puro y sustancial, y que la ayuda que puede emanar de allí, tiene efectos mucho más amplios que todo socorro posible en el mundo sensorial físico, de las cosas groseramente materiales.

Solamente se equivoca en la interpretación de su sentimiento, cuando se imagina estar ligado sin intermediario, personalmente por así decir, al ser Original eterno. No está menos en el error, cuando considera como una “oración” esa declaración de su angustia ante testigos invisibles, lo que en efecto es una “confesión” verdadera, justa y santa. - - -

Una tal “confesión” responde a una necesidad innata de la naturaleza humana y constituye un acto de liberación del alma, de una importancia inestimable en la vida, de manera que todo ser humano terrestre, cualesquiera que sea, debería de tiempo en tiempo confesarse así ante los verdaderos “sacerdotes” invisibles, con el fin de llegar a ser apto para recibir de lo invisible, un aporte de fuerzas renovadas.

No hay que esperar que el alma sea invadida por la peor angustia, para recurrir a una tal “confesión” verdadera, que siempre traiga en ella misma su “absolución” válida por toda eternidad...

¡No es sino después de una tal “confesión”, y después de la liberación del alma así obtenida, que se debería pedir, mediante una verdadera “oración”, eso que se quiere “pedir”! - - -

El hombre que pues de buena manera “ora” como se debe de orar, llegará en verdad a una renovación espiritual, y la necesidad de tal renovación reaparece cada vez que la vida externa ha embotado las antenas del alma. -

La “renovación espiritual” no reside sin embargo en una renovación de la chispa de vida espiritual en el ser humano, sino en una renovación de la receptividad del alma para todas las influencias que, emanando del Reino del espíritu puro, pueden y quieren llegar al alma mediante la “antena” de su núcleo central espiritual. -

Es apenas posible exponer en palabras humanas el lazo singular que existe en el ser humano terrestre, entre su “chispa espiritual” y su “alma”, o también simplemente querer dar una explicación con la ayuda de imágenes y de parábolas.

Aunque nuestro “alma” sea “la única realidad” para nosotros, es decir: la única cosa activa perceptible en nosotros mismos, no es sin embargo otra cosa que un agrupamiento orgánico del océano eterno de las fuerzas del alma y formado según ciertas leyes armónicas y rítmicas, agrupamiento orgánico cuyo centro de cristalización, por así decirlo, es “la chispa espiritual” sumergida en ese océano. - -

La percepción de nuestra propia “chispa espiritual” nos es posible sólo en la medida en que somos “alma”, y solamente a través de fuerzas particulares del “alma” que, penetrando hasta dentro de lo espiritual puro, pueden ser consideradas como sus “antenas”. - - -
Toda influencia espiritual que quiere alcanzar nuestra conciencia terrestre, está obligada a pasar por la “chispa espiritual” eterna en nosotros, donde ella es captada por las “antenas” del “alma”, y transmitida en seguida del “alma” a nuestro cerebro, mediante determinados “órganos del alma”. - - -

Así como, inversamente, todas las impresiones fuertes de la vida terrestre exterior hacen vibrar al “alma” a través de la conciencia cerebral, es el organismo indeciblemente sutil del “alma”, constantemente conmovido, lo que no solamente disminuye más o menos su receptividad hacia las cosas espirituales, sino que hasta puede verdaderamente en ocasiones provocar una especie de “parálisis” del “alma”, aun durante un tiempo prolongado.

Tengo apenas necesidad de decir a aquel que ha experimentado ese fenómeno, - y raro es aquel que no lo haya experimentado, - de qué modo esta “parálisis” del “alma” reacciona luego sobre la conciencia cerebral...

Así, acciones recíprocas perpetuas se producen en el interior del hombre, de modo que una higiene del “alma” no tiene, por cierto menos importancia que la que tiene una vida sana para el cuerpo terrestre visible y sus órganos. - -

Tenemos constantemente necesidad de una “renovación espiritual”, en el sentido de un restablecimiento de nuestra elasticidad del alma, para que el “alma” quede capacitada para recibir y trasmitir lo espiritual, - al igual que nuestro cuerpo terrestre no sabría privarse de la renovación de sus fuerzas, si nosotros quisiéramos hacer frente a nuestra vida terrestre. - -
¡No existe, sin embargo, una manera más eficaz de llegar a una renovación espiritual continua, que una disposición permanente a orar, siendo la “oración sin interrupción” su consecuencia! -

Para el ser humano que está constantemente dispuesto a orar mediante toda su actitud en su vida interior y exterior: contemplativa y activa, la verdadera “oración” es tan necesaria para su existencia, como la alimentación de su cuerpo terrestre, y no hay ya necesidad de circunstancias especiales para ser llevado a “orar”, aun cuando por otra parte jamás tales ocasiones le hacen falta...

¡Y no son solamente los eslabones de oro de sus actos de oraciones conscientemente formulados, los que santifican su vida! -

Es su voluntad constante de orar, que “ora”, por así decirlo, en su lugar, aun cuando sus deberes cotidianos y diversiones le impidan formular conscientemente una oración. - -

Cuando este estado se logra, resulta inconcebible que una tarea cotidiana pueda comenzarse o llevarse a cabo sin una verdadera "oración".

Sin embargo, - se dijo: -” ¡Cuando quieras orar, enciérrate en tu cuarto!”

Tampoco es de ningún modo necesario, - y sería una ofensa al pudor del “alma”, que el entorno supiera que uno se entrega a oraciones, a menos que numerosos seres humanos se encontraran bajo una misma voluntad de orar y que uno de ellos busque dar a esta voluntad una expresión verbal. -

Pero entonces, es necesario que sean humanos, que sepan lo que es la verdadera “oración”, y es necesario que cada uno haya llegado, en su vida, al punto en el cual se está constantemente dispuesto a orar, sin lo cual la oración conjunta se reduce a un gesto vacío, o, a lo más, a la observancia de una piadosa costumbre, como, por ejemplo, la “bendición” en común. Es verdad que esta costumbre tuvo cierta vez, por origen, acciones de oración de seres humanos que conocían el secreto de la verdadera "oración" y que no querían tampoco sustentar el cuerpo terrestre sin “oración”.

¡Al niño, debemos tranquilamente darle las fórmulas de oraciones, adaptadas a su sentimiento y su receptividad, sin esperar de él, al principio, una actitud interior que exceda todavía su facultad de concentrar sus fuerzas del alma!

Con la mayor precaución, el adolescente debe luego ser iniciado en primer lugar en la práctica del verdadero “orar”, antes de ser esclarecido sobre la forma en que todo se encadena espiritualmente.

Habiendo así aprendido a orar en la práctica, él más adelante no oirá sino cosas que le son ya familiares, cuando reciba la enseñanza completa. -

La expresión verbal, que el hombre, que sabe verdaderamente “orar”, da a sus acciones de oración, es dejada en manos de él mismo.

Puede, con la misma eficacia atenerse a fórmulas de oración existentes, que le son quizás queridas y familiares ya desde su infancia, como también puede formular él mismo las palabras, desde el amplio fondo de sus sentimientos, si bien una tal oración, de acuerdo a la sucesión verbal, no representa más que un balbuceo emocionado.

Y aun cuando semejante balbuceo puede convertirse en una “oración”, no hay que sacar la conclusión que debería ser de preferencia una oración un “balbuceo” que una secuencia de palabras formadas. -

Se trata aquí de la acción suprema de leyes espirituales y de su utilización, de suerte que el respeto debido a las cosas espirituales ordene ya que uno se esfuerce en dar a la acción de orar una forma lo más perfecta posible...

Y, por encima de muchas oraciones de este tipo, pueden existir fórmulas que, compuestas según el valor espiritual de los sonidos, tienen un efecto infinitamente benéfico sobre el alma, de suerte que la “oración” que los utiliza, se eleva con una fuerza, por decirlo así, doble. -

Cada cual creerá saber cuál es el objeto de las oraciones, cuando sea verdaderamente capaz de “orar”. No obstante, es necesario decir algunas palabras sobre este asunto, con el fin de no perpetuar hasta el infinito el error que cometen tanta gente, si bien es cierto que no saben del misterio del verdadero “orar”, pero que, en su devoción, creen de buena fe, orar con lo mejor de su entendimiento.

La mayoría de aquellos que así creen orar juzgan totalmente natural orar en primer lugar por su propio bien y por el bien de aquellos que, - según la expresión corriente, - les son “cercanos” en la vida terrestre...

¡Hemos, sin duda, oído la advertencia: “Orad por aquellos que os odian y os persiguen!” - - y en las iglesias “romanas” se reza el día del Calvario, con una insistencia significativa, aun por los “herejes”, los judíos y los “paganos”, pero - no reflexionamos que, desde el punto de vista de los despiertos en el Espíritu, nuestros enemigos y nuestros despreciadores, al igual que los seres humanos más alejados y a los cuales jamás les hemos visto el rostro, aun están del todo también ligados espiritualmente a nosotros, tal como nuestros parientes más próximos, aunque no podamos ofrecer el mismo tipo y el mismo grado de amor a desconocidos y a gentes que nos han causado mucho sufrimiento. Ninguna ley divina los “exige” en verdad, porque es ella misma la que establece y determina esta diferencia.

¡Sin embargo, la persona que realmente ha aprendido a "orar", deberá de aquí en adelante ensanchar su horizonte, con el fin de “orar”, en primer término y en primer lugar, por todos aquellos que sobre la Tierra quieren desarrollar su ser humano, y por aquellos que se esfuerzan por ser humano: - por aquellos que sufren en la animalidad y aquellos que buscan domar la animalidad! -

¡Entonces, la persona podrá pensar en agrupamientos humanos específicos, - después en sus amigos y sus parientes, - luego en su familia más cercana, y, en último lugar: en sí-mismo también! - - -

He aquí exactamente el orden inverso a aquél orden que es determinante en nuestras obligaciones en la vida externa, en donde la persona tiene que crear primero para sí-mismo una posición sólida, antes de poder tomar la responsabilidad de fundar una familia, - donde le es necesario velar en primer lugar por el cuidado de su familia antes de tener el derecho de ir en ayuda de sus parientes y amigos, - donde es necesario que éstos, a su vez, no tengan más necesidad de él, si quiere socorrer a los agrupamientos humanos más lejanos o poner sus fuerzas al servicio del conjunto de la humanidad. -

Es de una importancia indecible para la humanidad entera que todo hombre que verdaderamente ha aprendido a “orar”, “ore” así por todos, antes de hacer uso de la “oración” en sus asuntos “privados”, más lejanos o más próximos, sin contar los problemas puramente personales por los cuales quiere recurrir a la “oración”...

¡De tal suerte, poco a poco, una parte cada vez mayor de la humanidad podrá experimentar una verdadera renovación espiritual, por el sólo efecto de la “oración” de algunos seres individuales!
Estos algunos seres individuales no permanecerán aislados, porque el poder de la verdadera “oración” sabrá rápidamente alcanzar a todos aquellos que están ya suficientemente maduros y firmes para ser capaces de aprender a “orar”...

¡Sin embargo, su número es ciertamente, en el momento actual, no menor! - -

Que aquellos que llevan aun las cargas y las zozobras de la vida terrestre no olviden a aquellos que han pisado la Tierra antes que ellos, que han cargado con las mismas zozobras.

¡No debería creer que ellos están ahora liberados de todo deseo de ser socorridos, o que están a estas alturas fuera del alcance de una ayuda humana terrestre, y que semejante ayuda no les serviría tampoco de nada!

¡Ay de mí! ¡El número de aquellos que tendrían una urgente necesidad de ser socorridos mediante la “oración” verdadera es demasiado grande, porque sus almas se encuentran en una fase de evolución que no les permite ya mejorar ellos mismos su destino! - -

Si podemos leer en un viejo libro sagrado estas palabras: “Es un pensamiento santo y saludable orar por los muertos a fin de que sean salvados!” - podemos estar aquí en verdad seguros que estas palabras no pudieron ser escritas sino por una persona que veía detrás del espeso velo que impide al ser humano no preparado a este efecto asomarse al “país sin retorno”...

¡Y, si pido aquí, a cada uno que quiera aprender a “orar”, incluir también en su verdadera “oración”, apenas sea capaz, a aquellos que han dejado esta Tierra, hablo en virtud de mi más seguro “saber”, no, por cierto, bajo la influencia de una concepción cualesquiera que los seres humanos pueden hacerse acerca de la vida después de la muerte física!

¡Que uno se recuerde también en este caso de “orar” en primer lugar por todos, antes de dirigir las fuerzas de la verdadera “oración” hacia seres individuales!

¡Que nadie se preocupe sin embargo que su "oración" sea quizás vana para ciertos seres individuales porque ya no tengan más necesidad de ayuda!
Hay que decir a este respecto que entre aquellos que un ser viviente cualquiera ha podido conocer o que sus padres han guardado en el recuerdo, no existe una sola alma que no acoja con gratitud el ser ayudado en su Camino, aun cuando no forme parte de las almas que pueden encontrar positivamente la “liberación” gracias al socorro que le viene de la verdadera “oración”.

En este estado, donde el “alma” se experimenta liberada del cuerpo terrestre y que la costumbre llama “el más allá”, la renovación espiritual, en el mismo sentido de mis explicaciones precedentes, es también una constante necesidad, porque el “alma” se encuentra todavía afectada retroactivamente por el estado de conciencia terrestre, mientras que vibra simultáneamente bajo el efecto de experiencias nuevas, que está obligada a aceptar pasivamente, sin poder tomar parte activa, como podía hacerlo anteriormente en la Tierra, gracias al cuerpo físico.

Entre los difuntos, el pequeño número de aquellos que, desde sus vidas terrestres, habían tomado ya la costumbre de ser activos en el mundo espiritual, sabrán ciertamente utilizar para otros el recurso de la verdadera “oración” que le será eventualmente enviado...

Cada uno puede estar seguro que nada se pierde de lo que el amor puede enviar, por encima de las fronteras del mundo físico sensorial, hacia “el más allá”. ¡Esto es ya válido para todo sentimiento impregnado de amor, para cada pensamiento cargado de amor, - y con mayor razón aun, para la ayuda milagrosa que puede ser aportada por la práctica de la verdadera “oración”!

¡Así, la verdadera forma de “orar”, como la enseño en este libro, extiende su acción no solamente sobre toda la Tierra, sino mucho más allá de este mundo de los fenómenos sensoriales físicos!

La verdadera “oración” reúne todas las almas que llevan la chispa espiritual adentro, tanto en el cosmos visible como invisible, y libera las corrientes de energía que, por intermedio de relees previstos, terminan en verdad por alcanzar el corazón del Ser eterno absoluto, para luego refluir de allí, en cierta medida “cargada” de “gracia”, hasta el hombre que ora y a todo objeto de su “oración”...

¡La verdadera “oración” yergue “la escalera de Jacob”, que partiendo desde lo más intimo del hombre se eleva hasta el centro de la voluntad del Ser Original, - esta “escala de Jacob”, que permite a las altas jerarquías del espíritu hacer descender la luz, en su resplandor eterno, hasta la vida terrestre del ser humano de la Tierra!

La verdadera “oración” es la más sublime glorificación del amor eterno, - que ofrece con amor la posibilidad de unión con la omnipotencia creadora ofrecida, que, desde el amor original, engendra la vida siempre nueva...

¡El ser humano de la Tierra no hace sino que cumplir con su deber más sagrado, en verdad, cuando se esfuerza por aprender a “orar” verdaderamente!
Salud y bendición surgirán, para él y para todas las almas, de semejantes “oraciones”, y la faz de la tierra se renovará espiritualmente más y más mediante tales “oraciones” verdaderas, para la felicidad de aquellos que vendrán después de nosotros. - - -

¡Todos aquellos que saben realmente “orar”, son los pioneros del futuro! -

¡Ellos son los precursores abriendo la vía al ser humano nuevo, que aspira con impaciencia a la existencia sobre la Tierra, pero que podrá hacer su aparición recién cuando encuentre a la Tierra preparada para su nueva manera de ser humano! - -

¡ES PARA ÉL QUE LA VERDADERA “ORACIÓN” CREARÁ UNA PATRIA SOBRE LA TIERRA, - PARA ÉL: - EL SER HUMANO NUEVO, QUE UNE TODO LO QUE EN EL PRESENTE ESTÁ AUN DIVIDIDO Y SEPARADO, PORQUE ÉL SOLO VIVE DESDE EL AMOR! - - -

















¡Yquémásdá?

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Re: Qué es Orar / Meditar. BoYinRa

Mensaje  ¡Yquémásdá? el Jue 19 Ago 2010, 16:20

ASÍ DEBEN ORAR






























A LA HORA DEL DESPERTAR


Sacra legión
Protege hoy mi nuevo día.

Con elevada ayuda
Ayúdenme,
A quien confía,
¡En realizar mí Obra!

Puro es mi sentir: –
¡Que permanece puro!

Firme es mí pensar: –
¡Que permanece firme!

Claro es mi decir: –
¡Que permanece claro!

Yo someto
Mi pensamiento
¡Al amor!

Yo someto
Mis palabras
¡Al amor!

Yo someto
Mi hacer
¡Al amor!



AL ALIMENTAR DEL CUERPO


Gracias al productor
¡Por lo producido! –
Bendito sea el alimento,
Bendita sea la bebida
¡Del eterno amor primordial!

Regalo de la Tierra,
Conserva de la Tierra
¡Lo que a ella le pertenece! –
Será bendición
¡De la vida corporal!

¡Fuerza de la vida!
Produce el milagro: –
Transforma,
Lo que desintegro,
Lo que debo deshacer,
Para conservarme, –
¡En sabia voluntad!


AL FINAL DEL DIA


¡Oh felicidad de la calma!
¡Felicidad del silencio!
¡Felicidad de la noche!

Después del esfuerzo diario,
El alboroto diario
El apremio diario,
Han fatigado,
Alma y cuerpo anhelan ahora,
Descansar,
Dejar de sonar,
Dejar de vibrar.

Realizado está ya
¡El trabajo de la Tierra!

¡Alma!
¡Regresa a ti misma!
Aprende
¡A olvidar el cuerpo!
Déjalo ahora
¡En su lecho descansar!

Sublime guardián, custodia sagrada
Protégelo de daños.

Pero tú, –
Alma,–
Ora
¡Mientras tanto!


EN LA SUERTE

¡Libre!

Liberado,
¡De preguntas que hurgan!

Liberado,
¡De deseos que corroen!

Así liberado,
Quiero ser
Amo tuyo, –
Dominarte,
Quiero
A ti
¡Felicidad mía!

Agradezco a quien,
A mí
¡Te envió!

Agradezco a quien,
Realizarte
¡Me permitió!

Pero si quieres
Ver en mí a tu criado,
Entonces
Deberás abandonarme, – –
Ya que libre
Quiero ser,
¡También de ti!


EN LA NECESIDAD Y EL APREMIO


¡Ayúdenme!
Ayúdenme,
Si es que pueden
¡Ayudarme!

¡Fuerzas que ayudan!
¡Bondadosos Ayudantes!

Ustedes saben,
Cuan fuerte
Me golpea la necesidad, –

Como la preocupación
Maligna
¡Me apremia!

Ustedes
Me traeran ayuda, –
¡Si pueden!

Pero: –
De no serles
Posible
Quitar la carga de mí,
La que mi espalda soporta, –

Entonces
Sólo ayúdenme
¡A soportarla!

Y aun cuando ande encorvado,
No quiero
¡Desfallecer!
Con voluntad,
Quiero cargar,
Lo que deba cargar, –
Y no quiero
Quejarme,
No quiero
¡Lamentarme!

EN LA TENTACIÓN



¡Elevados Ayudantes! ¡Guías de Luz!
Poderosos,
Invisibles
Que están a mí alrededor. –
A Ustedes les llamo
¡Desde mi angustia!

¡Llamo para ser rescatado!
No quiero
¡Estar perdido!

¡Ay!
Que Uno
Esté a mi lado, –
Haga que
¡Me libere! – –
Por mí mismo
Uno
¡De Ustedes!

Me tome,
No me suelte, –
Me rescate
De la maligna atadura
¡De vínculos angustiosos!
Me libre
¡De la insistencia y la impetuosidad!

Que ahuyente
El tormento infernal,
Que enturbia el juicio,
Ejerce seducción,
Impone la desgracia,
Apremia a cometer excesos,
Confunde el sentido,
¡Afecta a la voluntad!

Ayúdame
¡Protector!
¡Sostén mi mano!
Hasta
Que yo mismo
¡Me aleje!
De la obcecación.

ANTE UN DIFICIL DEBER


¡Guías en la luz!
¡Véanme dispuesto!
¡Dispuesto con voluntad!
Dispuesto
¡A superar!
Toda fatiga
¡Dispuesto!
A obrar

Reconociendo el deber
He de realizar,
Lo que quiero que sea
¡Desde mis fuerzas!

Lo que pueda,
Y lo que no pueda,
Sal ya a la luz

Que la fuerza de Ustedes
Logre la realización,
Cuando me debilite, –
Es mi pedido:
¡Es mi oración!

No dejen
¡Que haga algo malo!
Dejen que todo
¡Lo haga bien!
¡No me dejen vacilar!
¡Guíen mis pensamientos!
Enséñenme
¡A realizar!
Dejen que la obra
A través de mí
¡Sea lograda!
¡Oh, elevados Ayudantes!
¡Oh, Guías en la luz!





EN PROFUNDAS TINIEBLAS


No puedo orar más,
No puedo pedir más, – –

Sólo puedo
Clamar...
¡Por luz!

Desorientado,
Extraviado,
No soy capaz
Aun
De orientarme
En la profunda oscuridad
Que me rodea.

Atormentado,
Angustiado,
Yo clamo: –
Clamo
¡Por Luz!

Luminosos amantes,
No me dejen sólo
En el martirio
¡De la cruel desesperación!
Despojado de consuelo
Incluso de lo aparente
Del aparente consuelo
¡Desamparado hace ya tiempo!

Oh, oren por mí,
Ustedes
¡Que viven en la luz, –
Ya que yo – –
No puedo más
¡Orar!

¡Escúchenme!
Atiendan
¡A mi clamor!
Clamo a Ustedes, – –
Clamo
Desde mi profunda,
Profunda necesidad,
Por luz, –
Para que...
Nuevamente...
¡Pueda orar!!

ANTE UN FÉRETRO

Frio, –
Tieso, –
Enmudecido, –
Sin embargo
Amo
Lo que antes
Amé:
Antaño cálido
Animado, –
Locuaz...

Una vez
Portador
De un alma luminosa
De por vida
Y una representación
De expresiva voluntad,

Estremecedor, –
Aun incomprensible, –
Que esto ahora
¡Deba descomponerse! – –
Que estas formas queridas
¡Ahora sean destruidas! – – –
Terrible
Siento
La transitoriedad terrenal:

Pero ahora
Mi amor ora
Por ti,
Alma luminosa, –
A la que este frio,
Esta rigidez
No pueden servirte más, –
Para que de inmediato
Los elevados ayudantes
Se te manifiesten reconocibles,
Para que
Sin demora
Encuentres tu Camino hacia la Luz: –
Seas Luz misma,
Como luz que
Desde los comienzos
¡Eras!

Guien,
Conduzcan
E instruyan,
Ustedes, luminosos instructores
¡Del más sublime mundo de luz!
Guíen
Hacia la más elevada meta, –
Hacia la luminosa perfección
En el eterno espíritu, –
Que yo amo
Con toda la fuerza de mi amor,
¡Ahora, – como antes!




ANTE UNA CUNA


Ojos que preguntan, –
Jamás han estado,
Jamás regresando, –

Ustedes no conciben aun
Lo que se les muestra
¡Bajo la luz terrenal!

Quiera que la bendición
Les anime,
Llenos de confianza
A ver pronto,
Iluminados por la claridad del sol,
¡El mundo de ustedes!

Quiera que el Espíritu puro obre
Forme dentro de su alma, –
¡Y desarrolle!
Lo que aun “duerme”

Amantes protectores,
¡Protejan a este niño! –
Conduzcan su devenir
Aquí en la Tierra
¡Por un Camino de luz!
¡Guíen esta vida!
Conduzcan su afán
Por un tiempo terrenal
Largo
Alegre
Siempre cercano a lo eterno
¡Hacia lo luminoso! –
Protéjanlo
En todos los Caminos,
Hasta que
Pleno de alegría
Un día, –
Distanciado de la Tierra, –
Unido con Ustedes,
Renazca en la luz
¡Por toda la eternidad!


EN UNA GRAN ALEGRIA

Gracias a ti,
Fuente de toda alegría, –
Eterna luz primordial
Amor otorgador de vida, –
Porque
Pude experimentar,
Lo que hoy
Me hace feliz, –
Me aleja de todo lamento, –
¡Realización
¡De lo esperado y ensoñado!

Apenas puedo creer,
Que lo logrado
Se manifieste como realidad.

Pero Ustedes;
Amantes en el Espíritu,
Ustedes,
Que conocen
El Camino
Y el modo,
Ustedes,
Para quienes el amor
Significa ayudar, –
Envíenme
Oh ayudantes
¡Su fuerza!

Enséñenme
A reconocer
¡Cómo!
Ser digno
De mi alegría

Dejen que sea mi bendición,
¡Lo que en este día me ilumina!

¡Oh, no me dejen
¡Sólo!
¡Sólo con mi alegría!
Protectores,
Protejan
Mi alma,
Para que
De la soberbia
¡No sea presa!


PARA ENCONTRARSE CONSIGO MISMO



¡Vida más profunda!
¡Ser mi mismo!
Tú, estrella luminosa
De la luz divina
¡En la oscuridad de la Tierra!
Tú,
Cuya “imagen” de ti
Soy yo, –
Enlazado terrenálmente
A lo terrenal, –
No logrando abarcarme, –
A mi mismo
Sólo en tí
¡Abarcado!

Lejos
Estaba de mi
Asi como estoy
En ti, –
Lejos estaba de mí
¡Ensimismado!

¿Dónde está mi Camino? –
Mi Camino
Hacia mí, –
Así como yo
Eternamente
Estoy
¡En tí!?

¡Oh, ayúdame!
No dejes que tu “imagen”
Sea por lo terrenal
¡Des-figurada!

Oh, déjame volver
A encontrarme, – –
Conmigo mismo
En Ti,
¡Tú, luz dentro de mí!

Disuelve
¡Mi propio entramado!
Libérame
Del error que esclaviza,
Que sólo unido a Ti
¡Puedo encontrar la vida!




ORAR POR ILUMINACION



Abandonado de todo consuelo
Clamo,
Clamo a ti: –
¡Tú, luz de la eternidad!
Tu, luz de la vida, –
¡Luz del amor!

No abandones
En una oscura carencia de luz
¡De la noche
Al alma
¡Y al sentido!

Aclara
¡Lo sombrío!
Ilumina
¡Lo oscuro!
Déjame
Alcanzar
¡En ti!
La iluminación

Envíame,
A los que en tu luz
Brillan
¡A mi Camino!

Para que protejan
A mi búsqueda:
Mi búsqueda
¡De luz!

Dispuesto estoy a seguir
¡La mano conductora!
Dispuesto estoy a escalar
¡Las empinadas sendas!

Secuéstrenme
Guías,
¡Del mundo tenebroso!
Guíenme
Hacia el centro de la luz: –
En el brillar
¡De la gracia!

TRAS SER SOCORRIDO DEL PELIGRO



Padre en la luz, –
Sagrados Ayudantes, –
Compasión cercana
¡A todos,
¡Los que luchan por ser socorridos!
Ferviente –
Con el corazón temblando –
¡Les traigo!
Mi agradecimiento
Desde la amenazadora noche
Despierto a la luz, –
Rescatado de la penuria,
Arrebatado del peligro,
Liberado
De fuerzas adversas, –
Mi vida esté ahora
¡Rendida a Ustedes!

Confiada
Al cuidado de Ustedes,
Lo que
En mí
De mis esfuerzos
¡Ahora Ustedes construyen!

Dejen que sea
Un templo de agradecimiento
Por toda mi existencia
¡En la Tierra!


PARA QUE TODO SALGA BIEN



Creando,
Construyendo,
Sabios obrantes
¡Maestros!
Muéstrenme
El modo correcto
Como
Accionando
La Obra
¡Finalizo!

Ustedes,
Que saben de medida
Y proporción,
Nombren por su nombre, –
A lo más oculto
Den comprensión,
Fuerza
Y también
¡Paciencia!
Apiádense de mí
¡Desde una elevada benevolencia!

¡Para que nada
Me salga mal
Para que todas las cosas,
Que la obra entrega,
Quieran ser bajo mis manos
Perfeccionadas
Y para la Obra
¡Elevadas! – – –

ORAR POR SABIDURIA

No dejes
¡Que me hunda!
En la Nada

Que no
¡Me ahogue!
En lo aparente

Para que
Los pensamientos
No me condicionen, –

Debo
Encontrar, –
La verdadera
Sabiduría
Debo
Clamar
Por ayuda,
¡A Ustedes!
Sabios conocedores,
Sólo a Ustedes
Quienes me muestran Caminos
Para salir del error
Y la confusión,


Muestren
Conocedores Amantes
Con todo cariño
¡La luz!
Déjenme
Reconocer
El verdadero Ser
De la verdadera
¡Realidad!

¡Del engaño
Y de lo aparente
Guíenme,
Oh Iluminados,
Hasta la eterna
¡Y verdadera sabiduría!


POR UN VERDADERO CREER


Padre de todos
¡Los que te creen!
El que eres,
Ya que tú
¡Te crees a ti mismo! –
El que
Creyendo,
Alumbra vida
Así como
Creyendo,
Alumbrándote a ti mismo,
¡Eres a ti mismo
Luz
¡Y vida!

Despierta el creer
También en mí,
De modo que
Aprenda realmente a creer, –
A creer,
¡Igual que tú!

Cúbreme de luz,
Convénceme
¡De ti!
Alumbra vida, –
Alúmbrame
¡En mí!

Déjame
Alcanzarte
¡Creyendo!

Para que no sea
Retenido por la noche,
Y sea presa
¡De mi carente creer!


PARA LIBERARSE DE LA COSTUMBRE DE DUDAR


Fuertemente acosado
Por una duda pertinaz,
Padre,
¡A ti clamo!
Envía pronto
A través de tus mensajeros
¡A mí, tu elevada ayuda!

¡Ten piedad! –
De un corazón perturbado
Luz en la luz primordial,
Dirige
La luz
Desde tu luminosa plenitud,
A mí, a mis
¡Sendas terrenales!

Para que con claridad
Vea lo correcto,
Y sepa distinguir el engaño de la verdad,
Para que no continúe
Distanciándome más,
Y no vaya
¡Por los Caminos del error!


POR CERTEZA INTERNA


Mi creencia es aun,
Como espigas al viento,
Continuamente vacilando...
De pronto erguida,
De pronto deprimida...
De pronto puedo
Creer,
Igual a un niño, –
De pronto todo me es
Nuevamente distante.

Ansiando
Busco
Un terreno seguro,
Para sentirme
Firme
Como una roca...
Estoy cansado de pensar
Estoy con el corazón herido, –
Esto así no puede
¡Continuar!

Ustedes,
¡Que viven en la certeza!
Ayúdenme
¡A salir de esta tortura!

Den a mi creencia
¡Un estado de firmeza!
Introdúzcanme,
Guías,
Con mano firme
En la certeza
¡De Ustedes!


EN LA ENFERMEDAD Y EN EL DOLOR

Dispuesto
Estoy
A hacerme cargo,
De lo que mi voluntad
No puede ya más
Cambiar, –
Aun cuando aquello,
Que me lastima,
¡Ponga fin!
A mis días terrenales

Todo
Lo que quiero
Y espero,
Es,
Que este tormento terrenal
Que con paciencia
Soporto,
Me deje suficiente fuerzas,
Para que de continuo
Comprenda con claridad: –
Cómo todo sufrimiento
Sólo me libera
De la servidumbre terrenal.



RECORDANDO A LOS FALLECIDOS


Ustedes,
Que están ahora
Libres de su cuerpo terrenal,
Que ahora
Corporalmente como alma
Se vivencian, –
Cercana aun
A lo terrenal,
Y sin embargo
Distante de la Tierra, –
A Ustedes
El amor les guía
¡Hacia la luminosa conducción!

El amor
Disuelve
¡El hechizo terrenal!
La luminosa confianza
Les enseña a asir
Las manos serviciales
Que permanecen cercanas a la Tierra
¡De elevados Auxiliadores, –
Sagrados Amantes!


El impedimento terrenal
¡Retrocede!
La ilusión
¡Será olvidada!
La voluntad
¡Se despertará!
Desapegada
De todo apego,
Libre
De toda atadura,
Sigan
Con alegría
A la sabia conducción
¡De los luminosos Guías!
Que pronto
Les iluminará
¡La eterna Luz!



*









¡Yquémásdá?

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Re: Qué es Orar / Meditar. BoYinRa

Mensaje  ¡Yquémásdá? el Mar 24 Ago 2010, 12:27

“¡BUSCAD Y ENCONTRAREIS!”


“¡Buscar” de la forma requerida para aprender a “orar” es más bien todo, - menos absorberse en los pensamientos! -

Se trata de una inmersión serena en lo más íntimo del alma, sin la menor agitación, - sin la sombra de un deseo, - y sin una huella de impaciencia temerosa.

¡En este género de “búsqueda”, el buscador es él-mismo objeto de su búsqueda!

¡No debe hacerse ni imagen ni representación de aquello que espera encontrar!

¡Es necesario que se sumerja él-mismo en su propia profundidad insondable, - sin temor y sin resistencia!

¡Es necesario que se sumerja al interior en sí-mismo, sin perder su calma, aún si el suelo habitual se derrumba bajo sus pies!

¡Con confianza debe dejarse caer hasta lo más profundo de sí mismo, con la firme certeza de que no es la disolución lo que le espera, sino que solamente a él mismo es lo que puede encontrar!

¡Ninguna imagen preconcebida debe perturbar su vista!

¡No debe esperar observar en él mismo o fuera de él “imágenes” tales que él no haya jamás visto: - visiones de otros seres y de mundos misteriosos!

¡No debe esperar ver apariciones del mundo de los espíritus!

Sumergiéndose en su profundidad, se encontrará primero rodeado de una oscuridad total, - pero entre más descienda profundamente, más las tinieblas se disiparán dentro de una maravillosa luz nueva, hasta que en su profundidad, la más profunda, él se descubrirá él-mismo, transfigurado de luz, - hasta que en el fondo último de su propio abismo adquiera la claridad del cristal.

Su inmersión constituirá así, desde el primer instante, un encontrar continuo, hasta que haya encontrado finalmente en él, lo inexpresable que puede solamente ser vivido, porque aún la palabra la más clara permanece oscura ante tal claridad interior de una luminosidad indescriptible...
Aquél que quiere “buscar” de esta manera a fin de encontrar, debe para comenzar, conducir todo su cuerpo terrestre a una detención completa, de manera tal de no darse ya cuenta que un cuerpo animal sirve de “soporte” a su conciencia.

Que el buscador cierre lentamente los ojos y una las manos, hasta que, en una gran calma, se sienta recorrido por una viviente corriente de energía.

Cada cual descubrirá luego por sí mismo la postura más favorable para lograr este estado de calma, lleno de vida intensa...

Algunos no lo consiguen sino en posición acostada, otros solamente sentado o de rodillas, y algún otro no lo conseguirá sino estando de pie.

¡Pero, una vez que se ha llegado a ese estado de calma lleno de vida, no debe ya preocuparse por la postura externa del cuerpo!

Es necesario ahora buscar experimentarse únicamente en el interior de sí.

Con el tiempo, uno se experimenta así, cada vez más en el interior de sí, hasta experimentar poco a poco el sentimiento de estar interiormente completamente “lleno” de sí.

Es como si nosotros mismo fuéramos un fluido, el cuerpo, por el contrario un recipiente, - y como si el fluido se experimentara cada vez más como el contenido del recipiente...

Los pensamientos deben ahora permanecer en reposo, y en todo caso abstenerse de analizar en detalle, el estado experimentado.

Mientras los pensamientos continúen revoloteando, no hay que prestarles ninguna atención en particular, hasta que, poco a poco, ellos se aquietan por sí mismos. -

Una vez que este sentimiento, que interiormente se tiene de sí se ha convertido en un todo bien definido, el pensar ya no interviene en forma alguna, porque la atención está totalmente absorbida por la nueva conciencia de sí misma.

Al principio, uno hará bien al darse por satisfecho de poder experimentarse en el interior de sí, - pues es éste ciertamente un resultado muy significativo.

¡Cuando estos sentimientos comienzan a esfumarse, se debe retomar con alegría el trabajo cotidiano!

¡Jamás debe uno tampoco esforzarse en prolongar esta experiencia en caso de fatiga!

Si, poco a poco, - se trata de semanas o de meses, el buscador llega sin esfuerzo particular a este sentimiento interior de sí mismo en todo momento, en la calma de una soledad voluntaria, y a experimentarse conscientemente de la manera aquí arriba descrita, es decir en tanto que "contenido" de su cuerpo terrestre, - teniendo la misma forma de éste, como si un líquido que abraza los contornos del vaso dentro del cual se le vierte. Entonces, está dignamente preparado para comenzar a “buscar” en el sentido del verdadero “orar”...

¡Es con propósito deliberado, que ahora el buscador debe abandonarse completamente a su vida interior, la más íntima, y sentirse fluir hasta el fondo insondable de esta vida presentida, permaneciendo siempre perfectamente lúcido y sin jamás entregarse, ni pasajeramente a un ensueño semiconsciente! -

¡Si formas o imágenes surgen en el interior de sí, no debe prestarles ninguna atención y sobre todo cuidarse de quererlas "interpretar"!

Sería una peor tontera combatirlas, pues de ese modo no se haría más que hacerles más poderosas y tenaces...

Si no se tiene éxito en deshacerlas ignorándolas, se debería en la circunstancia y a la hora considerada interrumpir la inmersión interior y entregarse a una actividad intensa en el mundo externo, hasta que, algún otro día, uno se sienta capaz de retomar la experiencia interrumpida, sin ser ya importunado.

Es solamente cuando la experiencia de inmersión en la propia profundidad interior se comprueba exenta del todo de imágenes, que está permitido entregarse a ellas sin reservas. - -

¡La indecible oscuridad que en principio quiere aterrorizar el alma, debe ser soportada con calma y sobre todo sin temor alguno, aún cuando sea necesario soportarla numerosas veces, antes de poder experimentar la primera manifestación de resplandor en lo más intimo de uno-mismo!

Pero apenas la oscuridad comienza a disiparse, un nuevo estado de conciencia interior se desarrolla simultáneamente cada vez más, tal que no habíamos aun conocido jamás. -

Este nuevo estado de conciencia se torna cada vez más claro, atestiguando finalmente la unidad indisoluble de la voluntad del buscador con la voluntad del Ser Original eterno...

Aquel que ha llegado a este punto sabe entonces, por propia experiencia, lo que significa “encontrar”, ya que ha cumplido la primera condición del verdadero “orar”. -

Cuando pronuncie ahora las admirables palabras, tan simples y tan claras de sentido que el augusto Maestro de Nazaret dijo a sus discípulos, en cuanto a “orar”, el experimenta en el nuevo estado de conciencia logrado, que cada una de sus palabras no es más que una afirmación de su propia voluntad. -

Entonces, toda “la oración del Señor” (BUSCAR/MEDITAR)no será para el buscador otra cosa que la más perfecta profesión de su propia unión indisoluble con la voluntad del Ser eterno... (LIBRE SIMBIOSIS CON SU DIOS-PERSONAL INTERNO AL SERVICIO DEL PADRE/MADRE ABSOLUTO.

La experiencia interior encuentra en esta oración una expresión verbal en lenguaje humano, y esta expresión obra a su vez sobre el alma, transformándose ella misma en una “petición” portador en sí de su acogida favorable.

Queda desde entonces el buscador liberado de la tonta ilusión según la cual la oración seria un medio para “influenciar” a la divinidad...

Sabe ahora que “orar” (BUSCAR/MEDITAR, Pedir y Obrar/Llamar) no consiste en otra cosa que esto: querer para sí mismo, en comunión con la voluntad del Ser Original, aquello que es querido desde toda la eternidad, a fin de que, puesto en acción mediante una verdadera “petición”, esta voluntad se manifieste, se realice y se afirme. - -

¡Buscando, ha llegado verdaderamente a “encontrar”!

¡POR TODA LA ETERNIDAD, NO PODRÁ YA PERDER, AQUELLO QUE ENCONTRÓ ASÍ EN SÍ MISMO!

No debemos Olvidar los otros Dos Requisitos Imprescindibles:

1-BUSCAD Y ENCONTRAREIS.
1-PEDIR Y SE OS DARA.
1-LLAMAR Y SE OS ABRIRA.

- Saber pedir y tener derecho a pedir lo que se pretende.
- Que los hechos de la vida diaria sean congruentes con lo que se pide; pues sin obras o serias tentativas de obras-obrar, de nada vale el pedir.

-Y previamente a Todo Buscar-Pedir-Obrar; y en ésta Condición del Buscar. De nada vale el Buscar en el Silencio Interior, si antes no se ha llegado a cierta superación de las contradicciones internas... O SI SE NIEGA A DIOS Y EL ALMA PERSONAL PERMANENTE, ETC. Siendo por ello que muchos buscadores no encuentran en el Silencio sino sus propias fantasias...que se han traducido en las enormes contradicciones entre diferentes maestros, sistemas, escuelas, etc.

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Re: Qué es Orar / Meditar. BoYinRa

Mensaje  Paulino el Miér 16 Mar 2011, 14:03

Sin Oración No hay Evolución, mutación.


Se olvida el factor pirncipal en todo lo que se refiere a la autorealización. Y se hace eso porque se desconoce cómo y por qué hemos caído de la iluminación en la que ya estabamos; es eso de la expulsión del Paraíso con la que dejamos de ser Androginamente a imagen y semejanza divina quedando partidos polar y dualmente como hombres y como mujeres; es decir, como una aberración animal desunificada, dualizada. Hemos perdido así nuestra capacidad de autorrealización para depender de aquello que rompimos, de aquello a lo que renunciamos.

Por esa ignorancia, ni los budistas ni k, ni algunos otros, saben que sin expresa oración y profesión libre de querer volver a Dios y a la hermandad espiritual de iluminados a la que hemos traicionado, y de la que deberemos recibir el pasporte para poder retornar, no podremos volver. Tenemos una genética que nos impide automutar; como al resto de especies animales carentes de tal libertad. En los animales es normal pero en nosotros, no. La hemos perdido y o nos la devuelven o no hay nada que hacer.

Debemos pues aprender a Orar; que es muy parecido a Meditar pero con una grande y sutil diferencia.

Consultar:

http://www.boyinra-espanol.com.ar/otras_obras.html

Paulino

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El jefe de caulquier... grupo religioso... es una mala persona

Mensaje  Invitado el Jue 17 Mar 2011, 14:16

J. Krishnamurti en
"El Propósito de le Educación"

El jefe de cualquier sociedad, iglesia o grupo religioso,
que tiene poder sobre otra gente,
es una mala persona,
porque controla, moldea, guía a otros sin saber él mismo adónde va.

*

Esto es verdad no sólo en las grandes organizaciones, sino en las
pequeñas sociedades de todo el mundo.


*

En el momento en que una persona tiene claridad, en que ya no está confusa,
deja de ser un líder y, por lo tanto, no tiene poder.


*

Es, entonces, muy importante comprender por qué la mente humana
necesita tener poder sobre otros.

*

Comenzando con la pequeña familia,
el mal se expande hasta que se convierte en la tiranía de los gobiernos, de los líderes políticos
y de los intérpretes religiosos.

*

Y, ¿puede uno vivir sin esta hambre de poder,
sin el deseo de influenciar a la gente o de explotarla,
sin anhelar el poder para uno mismo, o para un grupo o una nación,
o para un Maestro o un santo
?

*

Tales formas de poder son todas destructivas, traen desdicha al hombre,
mientras que ser realmente benévolo, considerado, implica amar,
algo que es una cosa extraña, que tiene su propio efecto intemporal.

*

El amor es su propia eternidad, y donde hay amor no existe el nocivo poder.


Sólo una mente muy enferma puede traer esta basura a un foro en el que se apuesta
por la libertad interior y se está contra de nacionalismos,
religiones y otros intentos toxicos
de someter a las personas al poder de gente mala... que no sabe a dónde va.


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Re: Qué es Orar / Meditar. BoYinRa

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